Medusa

La educación, así como el respeto, es algo que jamás en la vida debe perderse, bajo ningún concepto, en ninguna circunstancia, por extrema o desagradable que pueda resultar.

Hoy me he sentido Medusa, sí, la Gorgona Medusa, ese ser mitológico que tanto miedo causaba a los hombres por caer petrificados ante su fija mirada.

Resulta que de pronto, sin conocer el motivo, desapareces literalmente de la vida de algunas personas. Es triste, sobre todo si hubo algún vínculo especial, si esa relación fue duradera en el tiempo o simplemente si se mantuvo como una relación que se presumía sincera por ambas partes.

Desconocía que el ser humano pudiese tener la capacidad de eliminar de este modo tan radical, de hacer “borrón y cuenta nueva” sin previo aviso o atisbo de “algo no va bien” pero si, es real. Quizás la sociedad actual nos hace actuar como verdaderas computadoras o móviles: “ELIMINAR” y seguimos tan a gusto.

De pronto te vuelves invisible ante sus ojos, un poder que desconocías que tenías y que en más de una ocasión, personalmente, me hubiese gustado utilizar dicho sea de paso… Te vuelves invisible y esa persona se concentra profundamente, incluso con costoso trabajo, en no cruzar su mirada con la tuya durante el escaso periodo de tiempo que pueda durar ese fortuito encuentro…de milésimas de segundos.

Realmente es labor ardua, sobre todo cuando estás tan cerca que puedes oír su respiración en una calle tan estrecha que casi cuesta cruzar sin pedir paso a quien viene de frente. Digno de admirar este gran esfuerzo, pero a mi parecer digno de personas que a su vez no han recibido nunca una educación en casa de esas que te enseñan que ante todo está la elegancia, el respeto y la cordialidad. ¿Valores? Eso ya es de grado avanzado, muchos los han perdido…

No sé el motivo de este repentino “miedo” a cruzarse con una persona, por evitar a toda costa un encuentro directo.

Puede que en el fondo yo sea como Medusa y efectivamente puedan sentirse petrificados al caer bajo mi fija y atenta mirada. En cualquier caso, y pasada ya una edad adulta, considero conveniente un saludo educado y un continuar con tu camino, y con lo que estuvieras haciendo. Al fin y al cabo esa persona debe sufrirlo más como tú, no debe resultarle ni fácil ni agradable ¿no?

Desde aquí mi pequeño guiño y dedicatoria, un saludo a todas aquellas personas que al verte se cruzan de acera para evitarte sólo por no saludarte y por no querer darte explicaciones (aunque tú no las pidas) del porqué “desaparecieron” de tu vida, sea en la parcela que sea. Deseos de felicidad y… ¡mirada fija a los ojos!

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