Hoy descubrí que el “amor verdadero” se esconde tras la mirada y el gesto más inocente y bondadoso.

He asistido a la Primera Comunión de mi sobrina segunda, Victoria.  Para mí, mi primera sobrina, mi primera ilusión y mi primera consentida… Deformación profesional supongo, todos los docentes tenemos en el fondo ese afán de acaparar a los niños y quererlos mantener entretenidos todo el tiempo.

Cuando ha llegado el momento de “dar la paz” habían organizado un bonito gesto; cada niño ha cogido un clavel blanco y ha bajado del altar para buscar a su madre entre los bancos y entregárselo.

Victoria ha bajado, nos ha buscado, le ha dado un beso a su madre, y con la mirada fija en mí, me ha dado un abrazo y me ha entregado la flor. En ese momento, para mí se ha parado el mundo.  Ha desaparecido la noción espacio-tiempo, me ha dado un vuelco el corazón y he comprendido el verdadero significado de la palabra AMOR. Hacía mucho tiempo que no me daba ese pinchacito en el pecho y notaba como se me empañaban los ojos sin poder hacer nada para evitarlo. Ese es el verdadero amor, el que nace de un corazón puro, noble y sin esperar ningún tipo de pago a cambio.

Hoy ella quizás me haya abierto los ojos sin ella ser consciente de nada, hoy he vuelto a creer en el amor gracias a su inocencia.

Felicidades Victoria, te quiero.

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