Era mes de Julio, acababa de llegar a casa tras impartir durante toda la mañana clases de técnica clásica en mi escuela en un cursillo intensivo de verano, y  como cada día, abrí la bandeja de entrada de mi correo electrónico.

En el asunto de uno de ellos decía “Bailarines para un show”. Pensé, como otras muchas veces, que se trataría de una propuesta para coreografiar un evento o un casting para alumnos de la escuela, pues últimamente me estaban llegando muchos de este tipo y era interesante.

Pero no, esta vez no era así. Querían que Teresa Guerrero fuese bailarina principal y directora artística de un evento muy especial que se celebraría en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. No era un e-mail masivo, no era un tanteo hacia compañías o escuelas de danza, era una propuesta personal que me hacían desde el norte de España, asesorados por un par de agencias de Madrid. “Esto tiene que hacerlo Teresa Guerrero” le habían dicho al equipo que contactaba conmigo.

Me paré un momento, tan sorprendida como bloqueada por el mensaje, me dio un pinchazo en el estómago, emoción, incredulidad, y seguidamente pensé… “qué gracioso o graciosa habrá querido gastarme esta broma de tan mal gusto”. Y seguidamente me harté de reír.

Definitivamente no me lo creía. No tenía mucho sentido y tampoco eran fechas muy normales para solicitar un trabajo…estábamos ya en pleno verano. Querían que me encargase de todo; diseño, coreografía, efectos, casting para bailarines, indumentaria, iluminación, sonido… ¡todo! En definitiva, dirigir la obra. Así que pasé un poco del asunto y olvidé el correo.

Recuerdo aquel momento como algo mágico. Un hecho que resultó ser un punto de inflexión en mi andadura por el mundo de la danza.

minotauroxxi

Desde pequeña, como cualquier bailarina, y más siendo sevillana, había soñado con el momento de pisar con mis puntas aquel escenario tan “inalcanzable“. Esta vez mi satisfacción era mayor de lo que había podido soñar o imaginar, pues no sólo me ofrecían poder bailar allí, iba a poder elegir cómo, con quiénes, y de qué manera. Tuve muy claro desde el primer momento determinadas personas con las que quería compartir ese mágico momento. Pronto, la ilusión por ser la bailarina principal en aquel maravilloso teatro, pasó a un segundo, tercer, cuarto plano…

Recibí una llamada telefónica un par de días después, la noticia fue confirmada y al hablar con el emisor del mensaje vi que todo era real y además bastante serio. Me puse a trabajar como una loca. Anulé un viaje a Londres para tomar clases en el Royal Ballet e incluso cambié mis planes para ese verano. El motivo era de peso, un proyecto que poco a poco fue cogiendo forma bajo las interminables horas y el agotador calor de Sevilla en verano. Horas de estudio, coreografía, selección y edición musical, diseño de vestuario, los colores, los tejidos, las llamadas, las madrugadas con la lámpara encendida y los debates de nuestro gran estreno en Maestranza…la creación de “Minotauro XXI”.

Aquí no sólo nació una ilusión, nació un nuevo proyecto que dio paso a la creación de mi propia compañía de danza tras el éxito obtenido. Nació un tándem casuístico al cruzarse en mi andadura el mejor partenaire que haya podido tener y que ahora es además el mejor compañero de risas y vida que se pueda tener. Nació “Minotauro XXI” y el gran equipo que formamos visitando actualmente tantos teatros de ciudades como quieran acogernos. Porque las cosas, si se hacen con amor y pasión, siempre salen mejor.

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