Hace ya un tiempo reflexiono muy frecuentemente sobre la vida, sobre el paso del tiempo, el pasado, el incierto futuro, pero sobre todo el presente.

Cumples treinta años y parece que ya tu vida debe tener una serie de anclajes obligatorios en esta sociedad que nos compete. Como fases de un videojuego que has debido ya pasar o “vas tarde” para llegar vivo al final de la partida si aún no lo has hecho.

Todo el mundo espera lo mismo de ti, toda la vida haciendo lo mismo que el resto, lo que todos esperan. Y en el fondo es porque nos importa en demasía el “qué dirán”, si hago esto así ¿será aceptado?, ¿lo  verán bien mis padres y mis amigos?, ¿cumplirá la normas éticas y morales que en la vida nos imponen? ¿estará socialmente bien visto?…

Y digo yo, ¿no es hora de pensar en ti y en lo que tú realmente piensas y quieres hacer antes de pensar en lo que opinará el resto del mundo?.  ¿Cuántas veces lo has hecho? Apuesto que pocas, ¿verdad? Pues espérate a llegar  a los 30 y hacer el listado mental de tus logros y propósitos en esta  vida correcta. ¿Correcta? ¿Qué es lo correcto?

No vayas a ponerte esos vaqueros tan ajustados  que no son apropiados para tu edad, no comas entre horas, espera siempre a hacer la digestión antes de darte un baño, mantén siempre tu pelo perfecto y ahorra todo lo que ganes. No arriesgues, que más vale pájaro en mano que ciento volando, estudia la carrera que te digan tus padres, no hagas topless, mantén tu peso ideal… Estupendo, seguro que todo esto te hace muy feliz.

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No te vayas a ir a vivir con él antes de casaros, no le digas lo que te apetece, no salgas con él si es menor que tú, no le escribas si no te escribe antes, ten hijos antes de los treinta (¿en serio?), busca a alguien que sea compatible contigo en todo lo posible, que sea igual que tú, pónselo difícil, no cedas a la primera (vale, mejor vamos a esperar a que nos salgan raíces esperando el momento indicado)… Y es entonces cuando echas la vista atrás y piensas ¿de qué me ha servido seguir todos estos consejos? Menos mal que en el fondo tengo un temperamento y personalidad bastante marcados y siempre hice más de lo que quise, que de lo que me decían que debía hacer.

Pero si, es cierto, últimamente me he visto muchas veces delante del móvil pensando por horas ¿lo envío o no? Si se lo envío ¿qué va a pensar?, a ver si va a pensar que soy demasiado… ¿Demasiado qué criatura? Demasiado tonta y cobarde, porque después de esa hora boba mirando la pantalla lo borras y te lo quedas para ti, y con el tiempo eso se convierte en un problema, porque te crea un espacio extraño dentro de tu cuerpo que te hace sentir rara, mal, triste, confusa…

Borro ese mensaje y no lo envío, cierro la boca y no se lo digo, porque en el fondo ni yo sé lo que quiero decir, porque ni yo misma sé qué es realmente “eso” que me guardo. Pero está bien, porque estoy haciendo lo correcto, lo que todo el mundo hace.

Pues ¿sabes? Llevo unas semanas pasando literalmente de los consejos de la gente, haciendo lo que nadie espera, haciendo lo que realmente me nace en cada momento, ignorando lo correcto.

Cogí la llamada y dije que sí, escribí el mensaje sin saber si recibiría respuesta, me dio igual si era lo que estaba bien o no, me dio igual todo porque por primera vez estaba pensando en mi, era mi vida y me sentí como nunca me había sentido, porque nada podía salir mal. Yo había tomado la decisión, era libre y no estaba comprometiendo a nadie a nada, era mi vida la que estaba viviendo y era mi momento, mi experiencia.

El vivir el ahora, que tantas veces había leído y hasta ahora no había entendido. Sólo sale mal lo que no se intenta y solo está mal hecho lo que se hace pensando en todos menos en ti. Y ¿sabes qué? que me sentó genial y sigo aplicando esa teoría a mi día a día.

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Y no me fui a vivir con nadie, pero si a compartir unos días. Y no me he casado ni tengo pensamiento de hacerlo, y pasé los treinta hace ya bastante rato, y no tengo hijos ni planes a la vista.  Seguiré descolgando el teléfono siempre que me apetezca y seguiré sin esperar ese primer mensaje si tengo la necesidad de escribirlo yo primero.

Y sigo dedicándome a mi trabajo que es mi pasión, que no me permite tener grandes lujos pero si una sonrisa en la cara cada día y es lo que realmente me llena el alma y me hace feliz. Ahorro lo justo y el resto lo viajo y disfruto. Como helados prácticamente todos los días del año y no guardo las dos horas de digestión jamás. Hay noches que no me desmaquillo antes de ir a la cama y mañanas que apago el despertador y me quedo en la cama una hora más.

He dejado de hacer lo que todo el mundo espera y…me está yendo bastante bien. He perdido el miedo a volar y a caer, porque he comprendido que aunque caiga, siempre habrá alguien para levantarme, o al menos, a ayudarme a amortiguar esa caída.

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Inténtalo, sienta bien.

Fotografía: www.nanuk.es

pensamientos de 2 \"Y ¿por qué no?\"

  1. Hace tiempo que huyo de esas frases y esos comentarios y me hago lo que tu dices. Somos mayores para hacer lo que queremos y, la verdad, no estoy para perder el tiempo en ñoñerias de lo envio o no lo envío. Comencé una relación con una mujer mas joven que yo y nos fuimos a vivir juntos. Ahora nos toca el “id a por los niños que el mio necesita compañeros de juegos” estamos en una sociedad, y más la española, anclada en los principios del sXX cuando ya vamos encaminados a mediados del XXI…
    Haz lo que quieras, porque cielo, es tu vida, tus decisiones y si te equivocas, lo haces tu, que eres la única en aprender.
    P.d. no te digo la contestación que le di a la de “compañeros de juegos” porque estamos en horario infantil… 😏

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