Cuando el tiempo se para…

No sé lo que pasó, ni como pasó…sólo sé que desde que pasó nada volvió a ser lo mismo.

Hay muchos momentos, circunstancias y situaciones en la vida, en las que algo raro ocurre y de pronto todo cambia. No sabemos si es obra del azar, si hemos tenido algo que ver en ese “cambio” con nuestros pensamientos o acciones, pero lo que está claro es que nunca vuelve a ser como antes era.

 Puedo suponer que muchos de los que ahora estáis leyendo estas líneas, en algún momento u otro de vuestra vida, habéis pasado por dificultades.

Probablemente tú has tenido días lluviosos en los que no ha salido el sol, o quizás te has enamorado de alguien o algo que era malo para ti y no lo podías dejar ir porque un sentimiento o fuerza interior te lo impedía. Tú mismo te lo impedías aferrándote a ello aún sabiendo que ya no te hacía ningún bien, tú mismo has sido cárcel de tu libertad y felicidad.

Puede que hayas perdido a alguien que pensabas que nunca se iría, o quizás seas tú quien se ha “perdido a sí mismo” y te hayas dado cuenta de la manera más impredecible, en el momento menos indicado. Pienso que esto último es aún peor, pero mucho más grave es actuar de forma errónea apartando de tu lado en esta búsqueda interior a aquellas personas que SIEMPRE estuvieron para ti. Ten cuidado, no caigas en ese grave error. Espero que si llegas a este punto seas capaz de mirarte al espejo y seas también capaz de ver en ese reflejo lo que eres y lo que no, sobre todo lo que eres.

Seas capaz de recapacitar, oírte y levantar la cabeza para demostrarte a ti mismo quien eres.

Debes saber que tú no eres tus errores, tú no eres la opinión de nadie, mucho menos de quien no te conoce. No eres algo sucio, ni un fracaso, ni algo fallido por no haber logrado los objetivos que perseguías.

Tú eres el resultado de las lecciones que has aprendido, de las batallas que has librado, eres aún más sabio y más rica persona porque pasaste por esas experiencias.

Yo no creo que seas la persona que no superó tormentas, más bien creo que eres la que aprendió a “bailar bajo la lluvia”. Ahora debes pensar que el dolor te hace más fuerte, te ayuda, debes estarle agradecido, no solo a las circunstancias sino también a las personas que lo propiciaron. 

Todo esto debería hacerte sentir una nueva persona, como cada amanecer que la vida te regala y que tan poco estamos acostumbrados a valorar. Todo esto debería haberte enseñado a comprender la importancia de estar tremendamente agradecido a lo que han aportado a tu aprendizaje, a tu camino, a tu vida.

Por eso, aunque no entiendas nada, aunque no sepas qué fue lo que pasó, y sientas profunda impotencia en ocasiones, mírate al espejo y aprende a ver lo que hay en frente de ti, pues eres la única persona capaz de ver ese verdadero reflejo.

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