“Cuando deseas algo con todo tu corazón, te empeñas y esfuerzas en hacer todo lo posible para que ocurra, dicen, que se hace realidad…”

Cuando tenía 10 años decidí que mi ballet favorito era “El Quijote” y creo que gran parte de culpa la debe tener él por haber sido tomada esa decisión mientras veía como bailaba junto a Cynthia Harvey en el American Ballet Theatre. Curiosamente la filmación era de 1983, año en que nací. Siempre dije que mi bailarín favorito era Mikhail Baryshnikov, no había otro más elegante, expresivo y enigmático que él.

Unos diez años después una persona especial, me regaló el DVD de esa representación.

Lo había soñado tanto, que desde que lo tenía, cada día lo veía una y otra vez, con la misma emoción y expectación que la primera vez que lo hiciera. (Creo que debe estar algo rayado…)

Baryshnikov para mí es tan especial, tan GANDE, ha marcado toda mi carrera y formación como bailarina, ha sido una inspiración y una motivación grandísima. Es tan importante para mí, que no pude dejar pasar la oportunidad cuando supe que visitaría nuestro país para representar “Letter to a man”, una obra de Robert Wilson basada en el diario del mismísimo Nijinsky!!- Imposible algo más perfecto. -“Esto solo me va a pasar una vez en la vida”- pensé, y sin pensármelo dos veces compré la entrada y los billetes de tren para viajar a verle.

Maleta en mano me trasladé a Madrid el pasado fin de semana y tomé mi asiento en el patio de butacas de los Teatros del Canal. Nerviosa, casi sin creerme dónde estaba y lo que iba a ver, ya sentada en el asiento y mirando al telón cerrado, todavía me cuestionaba si Misha saldría al escenario (parecía más una adolescente de 15 años en la puerta de un concierto que una bailarina esperando a ver una obra de danza. ¡Qué nervios más bonitos!).

Cuando se abrió el telón y apareció en medio del escenario, sentado en esa silla blanca, envuelto por esa iluminación y sonidos tan estridentes y a la vez bellos…definitivamente sentí que me había trasladado a un temprano teatro físico del expresionismo alemán en los años 40. Inevitablemente se me saltaron las lágrimas e incomprensiblemente empecé a emocionarme cada vez más y más. Baryshnikov estaba allí, frente a mí, a escasos metros de mí, con una mirada hierática y penetrante.

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La obra, muy cuidada en la iluminación y muy conceptual me sorprendió bastante. Pero más me sorprendió ver a Baryshnikov con sus 68 años interpretar con esa fuerza y limpieza de movimientos el personaje de Nijinsky en un registro tan diferente a lo que había yo admirado en esos ballets del Quijote años atrás. Durante los ochenta minutos que duró el espectáculo estuvo llenándolo con cada movimiento, cada gesto, cada expresión.

Sigue siendo GRANDE en todos los sentidos y es todo un privilegio, una increíble sensación lo que se vive como espectadora al contemplar sus danzas a escasos 10 metros de distancia.

Fueron sin duda unos minutos que se me convirtieron en segundos, con una ovación final de más de 5 minutos que obligó al mismo Misha a salir repetidas veces al escenario a agradecer con elegantes y muy emotivos gestos de saludo. Yo aplaudía hasta dejarme las manos, lloraba, intentaba gritar… pero no me salía ni el aire…¡menudo cúmulo de sensaciones!

Casi en estado de shock, abandoné el teatro con una sonrisa en la cara que no me dejaba ni oír lo que a mi alrededor sucedía. Sentí la necesidad (bendita la hora) de acercarme a la puerta de camerinos y pasar al hall a esperar por allí cerca, por si por algún casual, Barishnikov salía a atender a la prensa y a las cuatro fans tan locas como yo que nos habíamos metido allí sin saber si quiera lo que estábamos esperando allí de pie.

Casi una hora y media después, con bastante menos gente que cuando entré y con más nervios todavía que cuando esperaba que se abriese el telón desde el patio de butacas, apareció él, a lo lejos del pasillo, caminando hacia nosotros.

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Con una gran sonrisa en los labios, tan pequeñito, con chupa de cuero y vaqueros, el mismo peinado que siempre, y ese peculiar andar que lo caracteriza, podía verse a través de sus gafas que el Misha de siempre estaba allí. Imposible decir que ese hombre tenía 68 años. Su mirada era brillante.

Mi corazón a mil por hora, mis ojos cristalizados de mirar lo que parecía un espejismo…

En ese momento fui consciente de que estaba a punto de cumplir mi sueño. Lo tenía delante, sonriendo. Pude acercarme a él, felicitarlo por el espectáculo, estrechar su mano, hacernos varias fotos (salgo fatal en todas, llorando como una magdalena) y que me firmase un autógrafo.

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Estaba tan nerviosa que casi no atinaba a nada…quería haberle dicho tantas cosas, quería haber congelado ese momento, quería haberle agradecido que fuese mi inspiración desde que alcanzo a pensar en la danza y que hubiese aportado tanto a este maravilloso mundo,  quería haberle dicho que esperaba y soñaba con ese momento desde niña, quería haberle contando que lo lograba en el momento en el que quizás lo daba ya por imposible y que posiblemente más lo necesitaba… Dicen que en la vida nunca se sabe lo que te espera. Y este año, me está tocando vivir esas palabras intensamente.

TeresaGuerreroYBaryshnikov

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Jamás olvidaré este día. Quedará guardado en mi memoria para siempre como “el día en que conocí a Baryshnikov” y me quedarán para siempre ese autógrafo y esas fotos para el recuerdo.

Alguien me dijo un día: “Lo imposible solo tarda un poco más”…

Y puede que tuviese razón.

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